RAYUELA (1963), JULIO CORTÁZAR
Estoy a punto de reseñar una de las obras cumbre de la literatura argentina. Si estás leyendo esto no necesariamente es porque lo haya logrado, sino porque al menos lo intenté. Si no has odio hablar de Rayuela, quizá se te cruce por la cabeza que acaso esté exagerando un poco, pero no. Escrita hace ya más de cincuenta años, esta obra ha sido definida como una antinovela (por su autor) o como una contranovela (por la crítica) e incluso forma parte de las obras hispnoamericanas que se constituyeron en un fenómeno a nivel mundial (el boom latinoamericano) entre 1960 y 1970.
La razón por la cual su autor la definió como una antinovela es porque buscaba salirse de la lógica de lectura de las novelas a las que muchos estaban acostumbrados. Al abrir el libro, nos encontramos con una indicación del autor donde afirma que «a su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros», puesto que se puede leer por lo menos de dos formas distintas. Una de ellas es una lectura tradicional, donde se debe leer del capítulo uno al cincuenta y seis (como le gusta al lector-hembra). La otra lectura, en cambio, es la representativa de esta antinovela y es en la que se debe seguir un tablero de direcciones que nos lleva a leer de manera desordenada la totalidad de los capítulos del libro que son ciento cincuenta y cinco, empezando por el setenta y tres y terminando en el ciento treinta y uno (como debe seguir el lector-cómplice). El libro se divide en tres partes: del lado de allá (cuyo escenario son las calles de París), del lado de acá (que transcurre en Argentina) y de otros lados (conformada por los capítulos prescindibles para la lectura tradicional).
La novela gira en torno al personaje de Horacio Oliveira, un hombre que en la primera parte del libro encontramos en París y en la segunda parte en Argentina. Oliveira resulta ser un hombre con una enorme sed metafísica que busca encubrir en cada momento la infelicidad que esa sed le produce con una especial obsesión hacia la Maga. La Maga es una uruguaya que Oliveira conoció en París, con la que mantiene encuentros amorosos y que en algún momento se ve obligada a desaparecer de la vida de Oliveira.
De acuerdo al mismo Cortázar el tema central y la razón de ser de Rayuela es la búsqueda de "lo otro" que lleva a cabo el hombre, resaltando el fracaso total en ese asunto como característica del hombre occidental. A Oliveira le toca deambular por la vida buscando llenar los espacios que cree vacíos en ésta, intentando encontrar algo quizá inalcanzable, caminando constantemente al borde de su propia existencia y siempre a punto de saltar "al otro lado": un infeliz en los dos sentidos de la palabra, como alguna vez escribió Cortázar en una de sus correspondencias con Jean Bernabé.
La exposición de estas cuestiones, en la primera parte del libro, tiene como complemento al Club de la Serpiente, un grupo de artistas e intelectuales con los que Oliveira se reúne a discutir sobre literatura, filosofía, música y demás, mientras la Maga queda relegada al mero rol del espectador ignorante. Mucho se ha criticado a Cortázar un exceso de intelectualismo en su obra. Sin embargo, en la segunda parte del libro, cuando Oliveira regresa a Buenos Aires, la intelectualidad en la que este personaje se sumerge para encontrarse a sí mismo se ve considerablemente disminuida. De hecho, el mismo Cortázar reconoce que "literariamente [en esta segunda parte], la situación es más noble, más humana, menos pedante" y que, además, no tendría ningún sentido sin la exasperación presente en la primera.
En su regreso a Buenos Aires, Oliveira se encuentra con Traveler y su esposa Talita y con una mujer con la que al parecer mantiene una relación y que dejó en Argentina al marcharse a Francia: Gekrepten. Lo que de ahora en más suceda en el Oliveira que se encuentra ya lejos de la Maga y de todo lo que lo relacionaba con París irá marcando poco a poco una trama bastante interesante de lo que termina siendo algo así como la «crónica de una locura».
En su regreso a Buenos Aires, Oliveira se encuentra con Traveler y su esposa Talita y con una mujer con la que al parecer mantiene una relación y que dejó en Argentina al marcharse a Francia: Gekrepten. Lo que de ahora en más suceda en el Oliveira que se encuentra ya lejos de la Maga y de todo lo que lo relacionaba con París irá marcando poco a poco una trama bastante interesante de lo que termina siendo algo así como la «crónica de una locura».


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